Diseño e ingeniería
Sistema de tierras en suelo arenoso de Sonora
Por qué el suelo arenoso y seco complica alcanzar una resistencia de tierra baja, y qué técnicas lo resuelven: mallas, electrodos y tratamiento.
Un sistema de tierras es tan bueno como lo permite el suelo donde se entierra. En buena parte de Sonora y el noroeste —arenoso y seco— ese suelo coopera poco: alcanzar una resistencia de tierra baja exige diseño, no solo clavar jabalinas.
Por qué la arena complica
La resistencia de un sistema de tierras depende de la resistividad del suelo, y la resistividad sube cuando el suelo es seco y de grano grueso. La arena retiene poca humedad y sales, así que conduce mal. Un electrodo que en suelo arcilloso húmedo daría un valor bajo, en arena seca puede quedar muy por encima del objetivo.
Empezar por medir
El diseño correcto arranca con una medición de resistividad —típicamente con el método de Wenner— a distintas profundidades. Sin ese dato, dimensionar el sistema es adivinar. La medición revela si hay capas más conductoras a cierta profundidad que conviene aprovechar.
Técnicas que sí funcionan
- Mallas y contrapesos que reparten el contacto en mayor superficie.
- Electrodos profundos que alcanzan capas más húmedas.
- Tratamiento químico del suelo o rellenos de baja resistividad alrededor del electrodo.
- Combinaciones de las anteriores según lo que pida el terreno.
Por qué importa el valor
Un sistema de tierras adecuado protege a las personas (limita tensiones de paso y contacto), protege al equipo (drena fallas y descargas) y es condición para que la protección contra rayos funcione. En instalaciones de subestación, además, lo verifica la normativa.
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